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¿Y SI EL CICLO DE VIDA FUERA AL REVÊS?

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¡Qué pasooó pelao’s mal encarao’s y güequi’as boni’as; ¿cómo les ha ido?… Espero que como a doña Cata… a toda riata!

Fíjensenn que a raíz del día de la madre, un sentimiento nostalgico se apoderó de mí, así que les voy a contar una bella y tierna historieta. Se llama “Los Tres Regalos”… aí les va…:

Se cuenta que tres hijos se independizaron del hogar paterno y mucho prosperaron.

Y cuando con los años se juntaron nuevamente, hablaron de los regalos que cada uno de ellos había podido hacerle a su madre.

El primero dijo: – Yo construí una casa a mamá.

El segundo dijo: – Yo le mandé un Mercedes con un chofer.

El tercero dijo:  – Pues no es por presumirles, pero les gané. Ustedes saben cuánto disfruta mamá de leer la Biblia, y saben que no puede ver muy bien.

Le mandé un gran loro que puede recitar de memoria, la Biblia en su totalidad. Me costó un dineral pero valió la pena… Mamá sólo tiene que nombrar el capítulo que le gustaría leer y el loro se lo recita.

Al poco tiempo, la madre le envió a cada uno de sus hijos, una carta de agradecimiento.

Escribió a su primer hijo:

“Isaac, la casa que construiste es muy hermosa, pero es tan grande!!! Yo vivo en un solo cuarto, pero ahora tengo que limpiar toda la casa”.

Escribió a su segundo hijo:

“Moisés, estoy demasiado vieja como para viajar. Me quedo en casa todo el tiempo, así es que casi nunca uso el Mercedes”.

Escribió a su tercer hijo:

“Mi querido Abraham, fuiste el único hijo que tuvo el sentido común de saber lo que le gusta a tu madre… ¡¡¡El Pollito estaba delicioso!!!

¡je!, je!, je!, (serían judíos?)

-digo, porque ya ven la fama que tienen, ji, ji,),

pero bueno, a propósito –y antes de que se me olvide–… Felicidades a todas las mamás, a las madrecitas!! ah, y a las mamacitas también, sea que hayan festejado ayer, hoy o cuando sea su costumbre que lo hagan.

Pero volviendo al tema del pollito y la comida, fíjensenn que el chistorete de alguna manera me hizo pensar en tres cosas. Primero que las mamás tienen una forma diferente de ver las cosas a como las vemos los hijos… Segundo, los hijos solemos regalar cosas que ‘a nosotros nos sirven o gustan’, sin pensar que a ellas muchas veces ni en cuenta…  Y tercero, en lo irónico e injusta que es la vida; pero denme chanza de platicarles porqué digo esto.

Hace algunos años, pa’l Día de las Madres mis hijas invitaron a comer a su mamá (la de ellas, eh! –y a mí pa’que yo pagara-).  Y mientras estábamos ahí, en una mesa cercana había otra familia, en ella, había 3 adultos, 2 niños, un bebé y una anciana como de unos 80 ó 85 años, le calculé yo.

Y no vayan a pensar que soy chismoso, pero la neta es que por un ratito, no perdí detalle de lo que pasaba en aquella mesa…. Donde el centro de atención era el bebé. Que denle en la boquita al nene. Que ese trozo está muy grande, que no se vaya a atragantar, etc.,  todos al cuidado del chiquito (sin albur) mientras que a la pobre ruquita -que seguramente por ella fueron a comer- ni la pelaban, como si no existiera.

“Que injusta es la vida -me dije-. De seguro la señora se pasó 30, 40 ó mas años atendiéndolos, ayudándolos, lavando su ropa, haciéndoles de comer, etc., etc. y ahora estos güevones (o güevonas) ni caso le hacen… ah! qué gachos!”. •

Pero cuando uno ve cosas como ésta, no le queda más que pensar que la vida es injusta, y lo más injusto es la forma en que ésta acaba. La vida es muy dura; hay que luchar durante muchos años, ¿y al final qué eres, qué te llevas?… ¡La muerte!.. ¿Qué clase de premio es ese?

Y yo me pregunto, ¿por qué el ciclo de la vida no será al revés?. Sí!, síiii!, Imagínense lo que sería que en lugar de nacer, primero deberíamos morir; después vivir en un asilo hasta que nos echaran por estar ya maduritos.

Luego comprar una casa, un carro, buscar una mujer (o un hombre, según sea el caso o el gusto) para casarse y después empezar a trabajar. Y así seguir trabajando durante unos 40 años hasta que fuésemos lo suficientemente jóvenes para disfrutar de nuestro retiro.

Luego empezaríamos ir a clases, a fiestas y a echar desmadre y poco a poco ir haciéndonos niños, hasta llegar a perder todo tipo de responsabilidades hasta que se convirtiera uno en un bebé y volver así al vientre de mamá.  Allí pasarnos nueve meses flotando sabrosito y comiendo a través del condón umbilical y cada día hacernos más pequeños hasta que mediante un estruendoso y relajante orgasmo acabe nuestra vida!… Híiijole, qué padre sería! ¿a poco no?   Pero no me hagan caso, porque creo que aquel méndigo chivo me hizo daño, por eso pensé tantas __indejadas, además acuérdensenn que…

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